
Un nuevo anglicismo está circulando en la industria turística española y entre las agencias de marketing. Lo que solía ser una sencilla excursión dominical al Monasterio de Santo Domingo de Silos, cuna del castellano, ahora se comercializa como un “refugio en medio del silencio“. ¿Salir a caminar por la Sierra Cebollera, en la comarca de Cameros de La Rioja? Un punto natural donde poder “piérdete“.
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En el postrer molinete para promover destinos “inusuales” en un país que recibió 96,8 millones de turistas (casi el doble de su población) en 2025, incluso el portal oficial de turismo de España se ha subido al carro del ‘turismo slow’, es aseverar, recorrer sin prisas. Los gurús del sector definen esta nueva aspecto como un “maniquí turístico que fomenta el saboreo de la experiencia, centrado en el consumo, a través de patrones de delirio lentos”.
Organismos especializados en este hornacina sostienen que una forma de turismo más pausado puede ser una oportunidad para promocionar destinos más pequeños o rurales, apoyando a las comunidades locales y trabajar con ellos para que puedan crecer de modo sostenible.
Desde una perspectiva de política pública, esto tiene sentido: las hordas de turistas tienden a personarse en masa a un puñado de lugares y los gobiernos (con campañas recientes en Francia y Japón) están tratando cada vez más de atraerlos a otros rincones de su demarcación para aliviar la superpoblación y repartir el saqueo de uno de los sectores más lucrativos del mundo. En la propia España, La medio de todos los viajeros se concentran en sólo tres regiones. – Cataluña, Canarias y Baleares –pese a ser el tercer país más ancho de Europa–.
Las redes sociales han allanado el camino para este aberración, aunque en ocasiones distorsionan el concepto en valía de la estética. Influencers como Sonia Pizca (@simplyslowtraveler) han acumulado 1,1 millones de seguidores en Instagram con un feed basado en Tonos neutros, clichés mediterráneos y mucho cuartos ajado.. Una simple búsqueda en Google ya muestra agencias de viajes prometedoras que intentan subirse al tren de las experiencias grupales “personalizadas”.
Sin secuestro, varios ensayistas destacan que este aberración, a pesar de la amplificación que hoy goza, no es cero nuevo y tiene ciertas connotaciones sociológicas sobre cómo las personas se posicionan en relación con su papel como turistas y con la población nave.
Los pros y los contras de los viajes “lentos”
En ‘El turista: una nueva teoría de la clase ociosa’ (1976), Dean MacCannell introdujo el concepto de “autenticidad escenificada”: espacios turísticos construir un simulacro de vida nave genuina. En otras palabras, el viajero puede tomar conciencia de que lo que se le ofrece es una concierto muy alejada de la rutina cotidiana de los locales, pero lo acepta.
En ‘¿Es hora de variar la forma en que viajamos?’ (fuente en castellano)un equipo de académicos de Australia y China destacan, por un costado, los beneficios del slow travel: el deseo de achicar el impacto ambiental; para tratar de exprimir un auténtico y experiencia significativa (a pesar de las contradicciones señaladas por MacCannell) o forjar un vínculo con el oficio visitado.
Los expertos subrayan igualmente otro de los argumentos más citados por los defensores del slow travel: la búsqueda del bienestar o la introspección en un mundo acelerado. Sin secuestro, plantean una serie de cuestiones que es necesario considerar. ¿Se puede positivamente cambiar radicalmente lo sostenible que es un delirio? si el turista depende de un avión para conmover?
Incluso si se acepta renunciar a los vuelos, ¿este tipo de viajes acaba restringiéndose a las zonas más ricas del planeta, que pueden permitirse otros medios de transporte? No es lo mismo, por ejemplo, Intenta moverte por Europa en tren o en autocaravana.uno de los continentes más pequeños y ricos del mundo, como lo es recorrer a Sudamérica, donde la desatiendo de infraestructura y las grandes distancias hacen inverosímil no evaporarse si se quiere recorrer en poco tiempo.
En respuesta, algunos argumentan que simplemente se podría extender su permanencia en un solo destino en oficio de intentar conmover a varios puntos turísticos. Es el caso de plataformas como Tintablanca, una editorial centrada en viajes. que aboga por designar un único destino y “exprimirlo al mayor”. “Se proxenetismo de arrendar un pequeño apartamiento en el Trastevere de Roma o en el Marais de París y habitar la rutina nave”, escriben.
¿Pero puede un turista con bajos ingresos y pocos días de asueto positivamente permitirse el fastuosidadcomo idealiza esta publicación, “apearse todas las mañanas a la misma panadería, ilustrarse a saludar al camarero del café de la cumbre en su idioma o memorizar el sonido exacto de las campanas de la iglesia más cercana”? Con una media de 22 días de asueto al año (14,3 de los cuales se utilizan para recorrer) y un salario medio en España de 24.500 euros en 2024, el debate está muy amplio.
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