
ohEn una videollamada desde Brooklyn, entre paradas de la excursiĂłn de su obra, Ifrah F Ahmed bebe tĂ© de raĂz de jengibre. El olor la transporta a la cocina de su infancia, donde su religiosa solĂa hornear un aromĂĄtico pastel de cardamomo.
“Ese es un regalo fundamental de mi infancia”, dijo.
Para Ahmed, alimento No se proxenetismo sĂłlo de sustento. Es memoria, herencia y, quizĂĄs lo mĂĄs importante, un registro: âsomalĂ historia en un platoâ, como ella dice.
Esa idea se encuentra en el corazĂłn de Soomaaliya: AlimentoMemoria y MigraciĂłn, su primer obra de cocina, que se publicĂł en marzo. Parte de una colecciĂłn de recetas, historia y perfiles, el obra llega como uno de los pocos libros de cocina somalĂes nunca publicados. AmplĂa las ventanas emergentes de Cuajada y Mirra de Ahmed, que a menudo estĂĄn agotadas, y sus recetas para el New York Times Cooking, entre otros trabajos.
A lo grande de 75 recetas, Ahmed rastrea la cocina somalĂ a travĂ©s del comercio, el colonialismo, la refriega y la migraciĂłn. Antiguo Somalia Fue una parada importante en la ruta comercial de la Ruta de la Seda y la producciĂłn de especias le valiĂł el nombre de âla tierra de la canelaâ. Sus tradiciones pastoriles y nĂłmadas daban importancia a la cuajo de camello (a veces denominada âoro blancoâ) y a la carne. La colonizaciĂłn italiana desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX introdujo la pasta en la despensa somalĂ. Bajo el dominio europeo, las exportaciones de cultivos de banano canalizaron las ganancias en direcciĂłn a las redes comerciales coloniales en divisiĂłn de en direcciĂłn a las comunidades locales. A pesar de sus influencias globales y su creciente presencia en las redes sociales, la cocina somalĂ sigue siendo menos conocida que la de la vecina EtiopĂa, aunque los paĂses comparten algunos alimentos.
El flujo total de ingredientes creĂł platos como bariis iskukaris, un plato de arroz especiado con carne asada, verduras y un plĂĄtano. Pero como lo describe Ahmed: “Existe una tendencia a atribuir excesivamente la cocina somalĂ a la influencia colonial. Si aceptablemente esa influencia estĂĄ ahĂ, se ignora lo que pudimos hacer con ella. Nuestra pasta no es lo mismo que la pasta italiana. Es poco exclusivamente somalĂ”, a menudo aromatizada con xawaash, una mezcla de especias de comino, cilantro, cardamomo, canela, clavo y cĂșrcuma.
El obra es un amplio retrato de una cocina y familia en movimiento. Ahmed, que naciĂł en Mogadiscio y se mudĂł a Seattle con su comunidad en 1996 a posteriori del estallido de la refriega civil, dice que la idea del obra se le ocurriĂł por primera vez hace una lapso. Mientras estudiaba derecho en Nueva York, se habĂa transmitido cuenta de las pocas obras escritas que existĂan sobre la cocina somalĂ. âReconocĂ que faltaban fortuna para las personas curiosas, como yo y nuestra coexistentesâ, dijo.
Esa abandono refleja cĂłmo las recetas se han transmitido de coexistentes en coexistentes a travĂ©s de la narraciĂłn, la memoria y la actos, en divisiĂłn de hacerlo por escrito. DĂ©cadas de refriega y desplazamientos han esparcido el conocimiento culinario por toda la diĂĄspora. Esto ha hecho que el patrimonio somalĂ sea inerme a la pĂ©rdida, mĂĄs aĂșn cuando los conflictos en curso y la sequĂa han desplazado hasta 4 millones de somalĂessegĂșn la ONU. A travĂ©s de todo esto, ha habido pocas oportunidades de consolidar este conocimiento en forma impresa.
Ahmed aprendiĂł a cocinar de su religiosa, quien le enseñó a usar sus instintos en divisiĂłn de las instrucciones. âMe enseñó a tener una relaciĂłn verdaderamente relajada e intuitiva con la cocinaâ, compartiĂł Ahmed. âMemorizar cuĂĄndo dejar de contar poco, estropear y saborizar desde el corazĂłnâ.
Para investigar el obra, Ahmed entrevistĂł a ancianos, hablĂł con cocineros de la comunidad, revisĂł archivos digitales, mirĂł videos de YouTube de hace primaveras y escuchĂł grabaciones de audio de mujeres somalĂes discutiendo recetas. âSi no supiera cĂłmo hacer una prescripciĂłn, le pedirĂa a mi mamĂĄ que llamara a algĂșn o buscara a algĂșn en la comunidad que pudiera compartir esa informaciĂłn conmigoâ, dijo.
Conexo a los agricultores, pescadores y otras figuras que dan forma a la campo culinaria somalĂ, Ahmed destaca a Barlin Ali, autora de Somali Cuisine, publicado en 2007 y ampliamente considerado como el zaguero gran obra de cocina somalĂ antaño del suyo. Asimismo aparecen en el obra el chef Jamal Hashi de Minneapolis; Hamda Issa-Salwe, propietaria con sede en Londres de una marca de condimentos para tĂ© Mezclas de Ayeeyo; y Liban Ibrahim, propietario de la londinense âEl mejor restaurante del este de Ăfricaâ, sabib.
“Es mi nombre el que aparece en la portada”, dijo Ahmed, “pero fue un esfuerzo comunitario. Verdaderamente querĂa contar las historias de otras personas a travĂ©s de la comida”.
Si el obra es un archivo, asimismo es un desafĂo a la simplificaciĂłn. Ahmed dijo que uno de sus objetivos centrales era alterar la idea de una cocina somalĂ singular. Particularmente en la diĂĄspora, un puñado de platos como el central bariis iskukaris han llegado a representar toda una civilizaciĂłn gastronĂłmica que trasciende fronteras. “QuerĂa cuchichear sobre la variedad de la comida somalĂ, tener recetas que sean representativas de todas las regiones donde se encuentran los somalĂes”.
Los somalĂes estĂĄn reinventando los platos a travĂ©s de nuevas tĂ©cnicas, presentaciones o ingredientes sin entregarse su esencia. Tomemos como ejemplo la sambusa, una delicia rellena parecida a una samosa india. Halimo Hussain, escritor radicado en Londres, señalĂł en el boletĂn nutriente Vittles que la sambusa de atĂșn es âun punto de discordia para los somalĂes: rechazados por algunos, aceptados incondicionalmente por otros”. En el noroeste del PacĂfico, por ejemplo, las sambusas de salmĂłn se han convertido en una preparado locorregional correcto a la exceso de pescado de la regiĂłn. En otros lugares, se utilizan tortillas en divisiĂłn de los tradicionales envoltorios de hojaldre.
“Ese es otro ejemplo de la forma en que la migraciĂłn afecta las tradiciones alimentarias: estĂĄs utilizando los ingredientes que tienes a tu gravedad para preparar tu comida tradicional”, dijo Ahmed.
La migraciĂłn continĂșa influyendo en las costumbres alimentarias somalĂes de maneras mĂĄs estructurales. La carne y la cuajo de camello, fundamentales para la vida pastoral somalĂ tanto en el pasado como en el presente, son difĂciles de conseguir en Europa y AmĂ©rica del Meta, lo que obliga a las comunidades de la diĂĄspora a adaptarse. Ahmed señala Granjas de Juba en Kansas City, Missouri, que crĂa camellos y embotella su cuajo, como evidencia de una tradiciĂłn culinaria que continĂșa evolucionando en nuevos paisajes.
“La civilizaciĂłn siempre estĂĄ cambiando”, dice. “Pero asimismo quiero que tengamos un sentido de la historia, un sentido de la tradiciĂłn y un conocimiento de cĂłmo comimos, cĂłmo comemos”.
Para Ahmed, documentar estos cambios es inseparable de documentar la resiliencia somalĂ. El obra llega en un momento en que la inmigraciĂłn y la migraciĂłn somalĂ han sido fuertemente politizadas en Estados Unidos. Donald Trump ha atacado a los estadounidenses somalĂesque han sido atacados por funcionarios de inmigraciĂłn en MineĂĄpolis y en otra parte. En este contexto, los alimentos cotidianos somalĂes se han convertido en vehĂculos inesperados de resistor. Un crĂłnica nuevo del Guardian vio Manifestantes en manifestaciones de Minneapolis repartiendo sambusas cercano con folletos que describen sus derechos.
Cuando concibiĂł el plan por primera vez, Ahmed no tenĂa idea de lo urgente que serĂa ahora. “Soy completamente consciente de lo oportuno que es este obra”, dijo. “Y consciente de las ideas errĂłneas que existen sobre el pueblo somalĂ”.
AĂșn asĂ, tiene cuidado de no enmarcar el obra como un acto de explicaciĂłn para los de fuera. Ella dijo: “Este obra fue escrito con la intenciĂłn de estar dirigido al pueblo somalĂ. Si la familia quiere leerlo y estudiar mĂĄs sobre nosotros, son bienvenidos a hacerlo. Verdaderamente no siento la presiĂłn de tener que demostrarle cero a nadie”.
Lo que sĂ calma es que el obra ofrezca a los somalĂes mĂĄs jĂłvenes un sentido mĂĄs musculoso de almohadilla cultural, poco que la comida le dio cuando era pupila. âMe dio una sensaciĂłn de identidad entender cuĂĄl era la cocina en relaciĂłn con nuestra identidad y de dĂłnde venimosâ, dijo.
A pesar de todo su peso histĂłrico y polĂtico, Soomaaliya sigue siendo, en el fondo, un obra sobre el placer: arroz aromĂĄtico, pescado frito, tĂ© especiado y pastel de cardamomo. Y su empresa no es simplemente presentar la comida somalĂ a los forasteros, sino preservarla para aquellos a quienes ya pertenece.
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