
Clever, el principal cirujano danĂ©s de estaciones de carga para vehĂculos elĂ©ctricos, ha eliminado por completo la tradicional escalera de papeleo. No hay jefes, ni mandos intermedios y, desde 2025, ni siquiera tĂtulos de trabajo que lleven la palabra.
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Desde su sede en un alfoz industrial reconvertido de Copenhague, la empresa gestiona equipos autogestionados en los que cada empleado comparte las decisiones y es responsable de llevarlas a parte.
El arquitecto del examen es el cofundador Casper Kirketerp-MÞller, quien lanzó el negocio hace mås de una decenio con un puñado de empleados.
Dinamarca y sus vecinos nĂłrdicos se han enorgullecido durante mucho tiempo de sus lugares de trabajo igualitarios y estructuras planas, pero Kirketerp-MĂžller querĂa sufrir la idea mĂĄs allĂĄ.
“PodrĂamos hacerlo mejor que la forma tradicional”, dijo a la AFP, describiendo su fascinaciĂłn por “cĂłmo estamos juntos los humanos” y el tipo de civilizaciĂłn que una empresa positivamente necesita.
A partir de 2019, Kirketerp-MÞller comenzó a eliminar capas de papeleo y finalmente eliminó su propio puesto de director ejecutante. El objetivo central era beneficiarse todo el potencial de cada persona en la paga, poco que él considera cada vez mås animoso en un mundo automatizado.
“En la nueva era en la que la IA harĂĄ todo lo relacionado con la eficiencia, son las habilidades humanas, es el negocio humano lo que serĂĄ esencial para que las empresas prosperen e innoven en el futuro”, afirmĂł.
AdemĂĄs hubo un motivo prĂĄctico. Las organizaciones profundamente estratificadas, sostiene Kirketerp-MĂžller, luchan por realizar con celeridad porque cada sufragio tiene que ocurrir por una esclavitud de aprobaciones.
Helge Hvid, profesor de la Universidad de Roskilde que estudia empresas autogestionadas, estĂĄ de acuerdo en que la burocracia puede paralizar la toma de decisiones cuando demasiados gerentes deben aprobar y que los modelos planos atraen especialmente a los trabajadores mĂĄs jĂłvenes.
“La familia quiere tener voz y voto en su trabajo y quiere que su trabajo tenga sentido. Quieren autonomĂa”, dijo Hvid a la AFP.
Autogobierno con barandillas
Quitar jefes no significa desistir la estructura.
Los aproximadamente 500 empleados de Clever trabajan en mĂĄs de 50 equipos de ocho a doce, cada uno agrupado en torno a objetivos especĂficos, con roles claramente definidos para tareas como contrataciĂłn y fortuna humanos.
Kirketerp-MĂžller es tajante sobre el aventura de ir demasiado allĂ y advierte que liberar toda la estructura a la vez llevarĂa a la empresa al caos. Esa tensiĂłn es comĂșn para los teĂłricos organizacionales.
Anne-Sophie Dubey, del Conservatorio Franquista de Artes y Oficios de Francia, señala que si admisiblemente aplanar una empresa tiene como objetivo combatir contra la burocracia, paradĂłjicamente, cierto nivel de reglas escritas sigue siendo Ăștil para que todos entiendan cĂłmo se juega el placer.
Para el personal, el atractivo es tangible.
Lykke Jeppesen, que ha pasado mĂĄs de cuatro abriles ayudando a sus colegas a tomar decisiones conjuntas, valora la desapariciĂłn de rivalidad.
“Trabajo en un equipo en el que somos iguales (…) Estamos aquĂ para triunfar juntos, por lo que no hay competencia interna entre nosotros”, dijo a la AFP este hombre de 37 abriles.
El maniquĂ, afirma, satisface las evacuaciĂłn humanas bĂĄsicas de autonomĂa, albedrĂo y sentido de pertenencia.
Una auditorĂa interna realizada en 2024 descubriĂł que el 92 % de los empleados de Clever estaban contentos de ir a trabajar cada mañana.
A principios de este mes, Kirketerp-MĂžller abandonĂł la empresa para siempre, pero el distribuidor de energĂa danĂ©s Andel, propietario de Clever desde 2018, se ha comprometido a dejar intacta la estructura poco convencional, lo que sugiere que el examen sin patriarca puede durar mĂĄs que las personas que lo lanzaron.
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