El Gobierno de Estados Unidos ha paralizado los trabajos orientados a la creación de un organismo de supervisión para la inteligencia artificial avanzada. De acuerdo con fuentes cercanas al asunto, la propuesta para establecer un marco regulatorio se ha detenido tras la pérdida de apoyo del presidente Donald Trump, motivada por la oposición de destacados ejecutivos del sector tecnológico y la falta de consenso en el Congreso.
La propuesta de supervisión y la oposición de la industria
Los borradores iniciales de este proyecto fueron elaborados por el Departamento del Tesoro y la Oficina de Políticas de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca. La iniciativa planteaba un modelo en el que los principales laboratorios autorregularían el desarrollo de sus modelos de frontera, basándose en un sistema similar al de la entidad reguladora FINRA. Las conversaciones comenzaron a tomar forma después de que Demis Hassabis, cofundador de Google DeepMind, sugiriera la idea a mediados de julio mediante un ensayo y reuniones con altos funcionarios.
Sin embargo, el plan quedó suspendido en agosto, cuando diversos directivos de la industria expresaron su rechazo directamente a Trump. Entre los ejecutivos que manifestaron su disconformidad se encuentran Mark Zuckerberg, CEO de Meta, y David Sacks, exasesor de inteligencia artificial de la administración.
A raíz de estos contactos, la Casa Blanca ha dejado de considerar formalmente nuevas propuestas de supervisión. En publicaciones recientes en Truth Social, Trump ha calificado las inquietudes sobre la seguridad de esta tecnología como un engaño y ha rechazado la implementación de regulaciones explícitas. Fuentes informadas señalan que el malestar del mandatario respondió en parte a una publicación del CEO de Anthropic, Dario Amodei, sobre los peligros de la IA avanzada, la cual fue percibida por los asesores presidenciales como un factor generador de tensiones innecesarias.
Bloqueo legislativo y el debate sobre la ley Frontier Act
Ante la falta de avances en el Ejecutivo, en el Congreso se han presentado diversos proyectos de ley, aunque la probabilidad de que sean aprobados es sumamente baja debido a la falta de sesiones de votación antes de las elecciones legislativas de medio término y a las discrepancias entre las bancadas.
La propuesta que cuenta con mayor respaldo es la Frontier Act, una iniciativa bipartidista promovida por la congresista demócrata Lori Trahan y el congresista republicano Jay Obernolte. Este proyecto de ley contempla que el Departamento de Comercio integre auditores independientes dentro de los laboratorios de inteligencia artificial para supervisar incidentes de seguridad y autorizar la suspensión del desarrollo de un modelo si se detectan riesgos catastróficos.
A pesar de haber recibido el apoyo público de compañías como OpenAI y del grupo demócrata en la Cámara de Representantes, la Casa Blanca se ha mantenido indecisa sobre la figura de los auditores. Las objeciones proceden tanto de sectores favorables a la aceleración tecnológica, que advierten sobre el riesgo de captura regulatoria, como de sectores enfocados en la seguridad nacional.
El principal argumento en contra señala que detener el desarrollo de modelos estadounidenses no garantizaría que China pause sus avances o deje de intentar aplicar ingeniería inversa a los parámetros de la IA de frontera. Esta situación crearía presiones para revertir cualquier suspensión de emergencia con el fin de mantener la competitividad frente al país asiático.
Por otro lado, el proyecto enfrenta un obstáculo político decisivo: según informaron asesores del liderazgo demócrata, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, no tiene intención de someter la propuesta a votación en el pleno.