Un año después de las multitudinarias protestas lideradas por jóvenes que provocaron la caída del Gobierno en Nepal, el país asiático evalúa el alcance de las transformaciones políticas logradas y los desafíos que aún persisten. El movimiento impulsado por la llamada «Generación Z», motivado por el descontento ante la corrupción de las élites y la represión estatal, logró la convocatoria de elecciones y la llegada al poder de un nuevo liderazgo independiente, aunque analistas y activistas advierten sobre la falta de reformas estructurales y la división interna entre sus integrantes.
Las manifestaciones comenzaron el 8 de septiembre de 2025 en Katmandú y otras ciudades, desencadenadas por una serie de escándalos de corrupción y el malestar ciudadano ante la ostentación en redes sociales de los hijos de altos funcionarios del Estado. El estallido social se produjo días después de que el Gobierno bloqueara 26 plataformas digitales —entre ellas Facebook, Instagram, X y TikTok— por supuestamente no cumplir normativas sobre contenido dañino, una prohibición que fue levantada tras el inicio de las movilizaciones.
La respuesta de las autoridades incluyó toques de queda y el despliegue de las fuerzas armadas. Durante la represión de las protestas, la policía utilizó munición real, lo que causó la muerte de aproximadamente 76 personas, dejó cientos de heridos y derivó en la detención de cientos de manifestantes. Asimismo, diversos edificios gubernamentales, incluido el Parlamento, fueron incendiados.
Cambio de gobierno y ascenso de una nueva fuerza política
Ante la escalada del conflicto, el entonces primer ministro, KP Sharma Oli, de 74 años, dimitió el 9 de septiembre de 2025. Una semana después, la expresidenta del Tribunal Supremo, Sushila Karki, asumió la jefatura de un Gobierno interino encargado de dirigir la transición.
En marzo de este año se celebraron elecciones generales, en las que el Partido Rastriya Swatantra (RSP, o Partido Independiente Nacional) obtuvo una victoria contundente al ganar más de dos tercios de los 165 escaños parlamentarios de elección directa. Como resultado, Balendra Shah, un exrapero de 35 años, juró el cargo como el primer ministro más joven en la historia del país. La irrupción del RSP redujo drásticamente la representación de formaciones tradicionales como el Congreso Nepalí y el CPN-UML.
En el plano judicial, la policía arrestó en marzo a Oli y al exministro del Interior Ramesh Lekhak por su presunta responsabilidad en la represión violenta de las manifestaciones. No obstante, ambos fueron liberados en abril por orden del Tribunal Supremo contra la detención indefinida y permanecen bajo investigación sin cargos formales.
Demandas cumplidas y brechas en el movimiento juvenil
Aunque las peticiones clave de los manifestantes abarcaban la dimisión del Ejecutivo, la disolución del Parlamento y la celebración de nuevos comicios —objetivos que se concretaron—, diversos observadores señalan que la lucha contra la corrupción sistémica ha registrado avances limitados.
Yog Raj Lamichhane, profesor asistente en la Universidad de Pokhara, indicó que, al margen de detenciones puntuales, ha faltado una acción concreta para erradicar las prácticas corruptas acumuladas durante décadas. Por su parte, el analista de políticas públicas y director de investigación del Centro de Investigación Contemporánea de Nepal (NCCR), Bishnu Raj Upreti, destacó el ingreso de parlamentarios jóvenes y educados al Poder Legislativo, pero advirtió que la inexperiencia y el control que ejercen las estructuras partidarias condicionan su margen de maniobra.
Asimismo, han surgido marcadas discrepancias entre los jóvenes que asumieron cargos públicos y los grupos de activistas que permanecen en la sociedad civil:
- Boicot a reformas constitucionales: En mayo, 25 de los 29 activistas invitados por el Ejecutivo para debatir modificaciones a la Constitución rehusaron asistir, argumentando que se obviaban problemas sistémicos de fondo.
- Situación de los detenidos: La activista Aayush Basyal señaló que entre 900 (cifra oficial) y más de 1.600 personas (según estimaciones no oficiales) continúan encarceladas por acusaciones de incendio provocado, la mayoría pertenecientes a sectores con escasos recursos económicos.
- Atención a las víctimas: Aunque los manifestantes heridos recibieron asistencia médica y compensaciones económicas, analistas sostienen que el verdadero resarcimiento radica en el cumplimiento integral de las demandas formuladas en las calles.
Desafíos institucionales y la emergencia por catástrofe natural
Los analistas coinciden en que el nuevo Gobierno aún no ha emprendido reformas profundas en la burocracia estatal ni ha actualizado la legislación para responder a las exigencias del movimiento. Además, subrayan la necesidad de coordinar acciones con los gobiernos provinciales y locales, así como de mantener el equilibrio geopolítico con India y China.
La gestión gubernamental se enfrenta también a una baja transparencia en sus deliberaciones y a un margen de expectación popular que podría derivar en un nuevo descontento social si no se logran resultados concretos.
La coyuntura política coincide con una emergencia nacional derivada de las devastadoras inundaciones registradas a finales del mes pasado en la frontera con Tíbet, las cuales han dejado más de 1.300 muertos y miles de desaparecidos. Ante esta situación, las autoridades declararon luto oficial, mientras la atención prioritaria del país se orienta hacia la atención de la catástrofe.