David Durman, un administrador de la Universidad de Kentucky, ha obtenido una exención laboral por motivos de convicción personal y religiosa que le permite abstenerse del uso de herramientas de inteligencia artificial en sus tareas profesionales. Durman, quien se define como un humanista no teísta, solicitó este ajuste al considerar que la utilización de esta tecnología contraviene sus principios éticos y su visión sobre el desarrollo humano.
Las discusiones respecto al impacto de la tecnología en la dignidad humana abarcan distintas perspectivas éticas y doctrinales, desde posturas como las expresadas por el papa León XIV hasta corrientes de pensamiento secular. En este contexto, Durman buscó el apoyo de la Asociación Humanista Estadounidense (AHA, por sus siglas en inglés) para determinar los mecanismos legales que protegen a los empleados que deciden no utilizar estos sistemas por motivos de conciencia.
Cuestionamientos éticos y consecuencias del uso de la tecnología
Según explicó Durman, su postura radica en que el juicio moral y la capacidad crítica se desarrollan mediante el ejercicio activo de la mente, un proceso que considera amenazado por la dependencia excesiva de los sistemas automatizados. En una declaración publicada por la AHA, el administrador sostuvo que la proliferación de estas herramientas interfiere con la capacidad de las personas para ganarse la vida, genera un costo ambiental grave para el planeta y compromete la creatividad al apoderarse de expresiones culturales como la literatura y el arte.
Por su parte, Alexandria Huiskens, abogada de la AHA, afirmó que las inquietudes sobre la tecnología y la dignidad humana se extienden a diversas tradiciones y filosofías, como el catolicismo, el universalismo o el humanismo. Huiskens enfatizó que la legislación otorga protecciones en el ámbito laboral para que las personas no teístas puedan acogerse a este tipo de exenciones.
Origen de la solicitud y respuesta de la Universidad de Kentucky
Durman es el primer humanista en conseguir un acuerdo laboral formal para evitar el uso de inteligencia artificial. Su decisión de iniciar el trámite legal se dio tras conocer el caso de Erin Maus, una ingeniera de software e integrante del unitarismo universalista que logró una exención similar en su empleo.
En su puesto administrativo actual, enfocado en brindar apoyo a investigadores que solicitan subvenciones, a Durman no se le ha exigido el uso obligatorio de herramientas automatizadas. No obstante, dado que algunos compañeros y directivos sugirieron probar estas tecnologías, el profesional optó por solicitar la exención de manera preventiva ante la posibilidad de que las recomendaciones se conviertan en una exigencia en el futuro.
El portavoz de la Universidad de Kentucky, Jay Blanton, señaló que la institución evalúa las solicitudes de exención por motivos religiosos de forma individual, tomando en cuenta las responsabilidades del puesto y las particularidades de cada caso. Blanton confirmó que la universidad determinó que era posible conceder la adaptación sin afectar el desempeño de las funciones esenciales del trabajador, aunque puntualizó que este tipo de acuerdos pueden revisarse en el futuro a medida que cambien las responsabilidades laborales y las tecnologías.