China ve al yuan como alternativa al dólar, comparándolo con Pepsi y Coca-Cola

China ve al yuan como alternativa al dólar, comparándolo con Pepsi y Coca-Cola

Pekín busca internacionalizar el yuan sin desplazar la hegemonía del dólar, según un análisis

China no tiene la intención de reemplazar al dólar estadounidense como la principal divisa de reserva mundial, según sostiene Zongyuan Zoe Liu, investigadora senior del Council on Foreign Relations, en un análisis publicado en Foreign Affairs. A pesar de los esfuerzos de Pekín por promover la presencia del yuan —también conocido como renminbi— en los mercados internacionales, el gobierno chino prefiere evitar los costos y responsabilidades que implica sostener la supremacía monetaria global.

De acuerdo con Liu, sustituir al dólar requeriría la apertura de los mercados de capitales en China, una medida que amenazaría el control del Partido Comunista sobre la distribución del capital. Además, diversos miembros de las élites chinas utilizan sus tenencias de dólares en el extranjero como una salvaguarda frente a una eventual persecución política interna.

La motivación de China para impulsar el renminbi en el exterior responde principalmente a la necesidad de protegerse ante una posible instrumentalización del sistema financiero por parte de Estados Unidos, un riesgo evidenciado tras el aislamiento financiero impuesto a Rusia en 2022 tras la invasión de Ucrania. Una red del yuan lo suficientemente desarrollada permitiría al país eludir eventuales sanciones basadas en el dólar.

En este sentido, la especialista señala que ocupar un segundo o tercer lugar relevante en el sistema global resultaría suficiente para romper el monopolio efectivo del dólar y restringir la capacidad de Washington para aplicar sanciones unilaterales. Liu compara la meta de Pekín con la posición de PepsiCo respecto a Coca-Cola: una alternativa funcional capaz de operar en el mercado sin necesidad de asumir el liderazgo dominante.

Avances y limitaciones en la expansión global de la divisa china

Hasta el momento, Pekín facilita el uso del renminbi a empresas en más de un centenar de países y en diversos mercados de materias primas. Al mes de junio, el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS) contaba con 1.829 participantes habilitados para enviar pagos a más de 5.200 entidades bancarias en 191 países. No obstante, este volumen representa solo una fracción de las operaciones procesadas por el sistema dominado por Estados Unidos.

Aunque los exportadores chinos continúan facturando sus operaciones en dólares antes de convertirlos a moneda local, Pekín ha logrado establecer precios de referencia en yuanes dentro de sus bolsas internas de materias primas, con resultados positivos en el sector del litio. Asimismo, los bancos chinos más que duplicaron sus préstamos en renminbis a prestatarios internacionales entre 2023 y mediados de 2026, mientras que el Banco Popular de China ha firmado acuerdos de intercambio de divisas (swaps) con 32 bancos centrales y autoridades monetarias extranjeras.

A pesar de estos progresos y del inicio del pago de seguros de carga en yuanes por parte de empresas estatales, el proceso de reinversión constituye el punto más débil de esta estrategia. La permanencia de controles de capital impredecibles genera desconfianza entre los inversionistas internacionales; en marzo, la participación de inversores extranjeros en el mercado de bonos chino era de apenas un 1,6 %, en comparación con el 27 % registrado en el mercado de bonos estadounidense.

La alternativa del “yuan verde” y el contexto en Oriente Medio

Liu plantea que el renminbi podría cimentar una posición sólida al dominar el comercio de sectores estratégicos bajo control industrial chino, como minerales críticos, equipos de energía limpia e infraestructura eléctrica. Si China consolida su ventaja de escala y costos en estas cadenas de suministro, podría exigir que sus exportaciones se liquiden en renminbis, estableciendo las bases para la creación de un “yuan verde”.

Por otro lado, el conflicto bélico con Irán ha generado incertidumbre sobre la estabilidad del “petrodólar”, esquema vigente desde 1974 mediante el cual Arabia Saudita acordó cotizar su petróleo en dólares e invertir los excedentes en activos estadounidenses a cambio de garantías de seguridad por parte de Washington.

A pesar de 40 días de bombardeos contra Irán y del despliegue militar para proteger el comercio marítimo, Estados Unidos no ha logrado restablecer por completo la navegación en el estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, los ataques iraníes con drones y misiles han provocado daños en bases, radares y aeronaves estadounidenses, mientras que los sistemas defensivos no lograron evitar impactos en la infraestructura energética de los aliados del Golfo.

Frente a este panorama, analistas de Deutsche Bank señalaron en marzo que el impacto económico en las naciones del Golfo podría derivar en una desinversión de sus ahorros en activos extranjeros. La entidad destacó la necesidad de monitorear reportes que sugieren que el tránsito de embarcaciones por el estrecho de Ormuz podría autorizarse a cambio de pagos de petróleo en yuanes, un factor que podría actuar como catalizador para el debilitamiento del petrodólar y el progresivo desarrollo del “petroyuan”.

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