‘He luchado por Aaron’: una raíz ugandesa enfrenta la discapacidad y el estigma | Mujer

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‘He luchado por Aaron’: una raíz ugandesa enfrenta la discapacidad y el estigma | Mujer

‘He luchado por Aaron’: una raíz ugandesa enfrenta la discapacidad y el estigma | Mujer

Owalai, Uganda – Martha Apolot navega por un camino polvoriento a través de campos de mandioca y mijo bajo el sol abrasador. Lleva una azada en un hombro, con la hoja cuidadosamente equilibrada, y sobre el otro, su hijo Aaron, de ocho abriles.

Todos los días, la raíz de 21 abriles lleva a Aaron al campo donde trabaja.

“Aaron está muy débil, así que tengo que sacarlo de casa y acostarlo en algún circunscripción para poder trabajar”, ​​dice Martha en voz devaluación, sosteniendo a Aaron en su regazo mientras se sienta en la tierra desnuda adentro de su pequeña cabaña de una sola habitación en Owalai, una pueblo rural en el este de Uganda.

Regresan a casa cuando llega el momento de alentar a Aarón o cuando se ha ensuciado, no cuando termina la labranza.

Aaron tiene una discapacidad no diagnosticada. No puede caminar, cuchichear, manducar alimentos sólidos ni sostener la habitante sin apoyo. La parte posterior de su habitante se está quedando calvicie por estar acostado y es propensa a tener llagas. Necesita cuidados constantes, pero Martha no tiene a nadie más que lo cuide mientras ella trabaja.

Martha tenía 13 abriles cuando un hombre la sacó del patio de la escuela y la violó. Ella no conocía al hombre y nunca volvió a verlo, dice. Sus memorias de ese día son traumáticos y se queda callada, respirando profundamente y mirando en dirección a el Gloria.

Su vergüenza creó una ruptura inmediata adentro de su tribu.

“Mi papá no quería que volviera a casa, pero mi mamá le suplicó que (me dejara) quedarme”, explica posteriormente de una larga pausa.

Martha, la séptima de ocho hermanos, se escapó y pasó meses en casa de amigos. Finalmente, su hermano anciano Paul, con quien es cercana, la localizó y le dijo que sus padres habían aceptado la situación y que ella podía regresar a casa.

El inicio de Aaron fue espacioso y complicado. A posteriori de 15 horas de parto, los médicos del hospital de la ciudad de Soroti ingresaron a la adolescente para una cesárea de emergencia.

Martha recuerda el apego que sintió cuando vio por primera vez a su bebé. “Me sentí muy acertadamente al aceptar a mi hijo. Era tan tenorio”, recuerda.

Pero a Aaron le administraron oxígeno poco posteriormente de manar. Cuando se lo llevaron, ella pensó que había muerto. Mientras pasó la primera semana de su vida con oxígeno, los médicos advirtieron a Martha sobre futuras complicaciones.

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