

Si una persona te hace un regalo inesperadamente para Navidad, te sientes obligado a hacerle un regalo de última hora y a incluirlo en tu futura cinta de compras. Este instinto refleja lo que el psicólogo social Robert Cialdini pasión la norma de reciprocidad: la creencia profundamente arraigada de que admitir un privanza crea una obligación casto de devolverlo, incluso cuando el regalo no es solicitado o es difícil de cuantificar. En Filipinas, esta dinámica se ve reforzada por utang na loob, un valencia cultural arraigado en nuestro cachas sentido de comunidad, pero que asimismo es muy abandonado a la explotación.
En situaciones de emergencia, esta norma internalizada se amplifica aún más porque la inmediatez del miedo, el dolor y la incertidumbre aumentan el peso emocional de la amparo que una persona recibe de los demás. Sin retención, para los receptores con bienes económicos limitados, la reciprocidad no puede adoptar una forma material. No pueden “devolver” el pasta, por lo que el cuota se desplaza en dirección a otras monedas, como devoción emocional y expresiones públicas de correspondencia.
Gastado desde esta perspectiva, queda claro por qué los funcionarios públicos ven la ayuda monetaria como una aparejo importante para la supervivencia política. La correspondencia del destinatario podría fácilmente convertirse en una deuda casto que se pagaría mediante devoción, votos e incluso silencio delante las malas acciones. Los presupuestos gubernamentales construidos en torno a asignaciones vagas o discrecionales perpetúan la política padrina al permitir que los fondos se liberen selectivamente y se atribuyan personalmente. El político ya no es percibido como alguno encargado de tramitar los bienes públicos, sino como un benefactor que les ha hecho un privanza personal. El relieve se asocia no con el estado, sino con nombres individuales.
Estas preocupaciones cobran gran importancia en torno al Tesina de Ley de Asignaciones Generales de 2026, cuya firma está prevista para hoy por el presidente Marcos luego de una revisión de una semana. La interpretación ratificada por el Congreso ha generado críticas de legisladores de la competición y organismos de control de la gobernanza por apoyar asignaciones no programadas en P243 mil millones frente a la interpretación de P174,5 mil millones aprobada anteriormente por el Senado. La interpretación aprobada del GAB asimismo incluye enormes asignaciones para lo que los críticos llaman programas de “inmundo benigno”, incluida la amparo a personas en situación de crisis (63.900 millones de pesos), la amparo médica a pacientes indigentes y financieramente incapacitados (51.600 millones de pesos) y Tulong Panghanapbuhay para trabajadores desfavorecidos/desplazados (22.000 millones de pesos). A pesar de que el Senado había desfinanciado anteriormente la Audiencia Presidencial a Agricultores y Pescadores, se restauraron P10 mil millones durante las deliberaciones bicamerales. Estas iniciativas se venden al conocido como servicios basados en la compasión. Sin retención, los críticos señalan que su vaga orientación y su manumisión discrecional los convierten en herramientas ideales para exigir crédito y conveniente vulnerables a la corrupción.
Los defensores de los programas de ayuda monetaria argumentarán que la amparo de emergencia es necesaria y humana, especialmente en un país donde las redes de seguridad son débiles y las crisis son frecuentes. Para las familias que enfrentan deseo, enfermedades o yerro de vivienda conveniente a desastres naturales, el pasta en efectivo inmediato puede significar la supervivencia. Desde este punto de clarividencia, despellejar tales programas corre el aventura de parecer alejado del sufrimiento frecuente o desdeñoso de la ayuda proporcionada por las subvenciones en efectivo que las reformas estructurales de avance más flemático no pueden encarar a tiempo.
La cuestión aquí, sin retención, no es la existencia de ayuda de emergencia, sino cómo se diseña, se financia y se despliega políticamente. La amparo institucionalizada, dirigida de modo transparente y basada en los derechos puede proteger la dignidad sin difundir dependencia de los políticos en el poder. Lo que socava la democracia es cuando la ayuda es discrecional y personalizada, lo que permite utilizarla estratégicamente para ganarse favores y acorazar el clientelismo.
Todavía vale la pena señalar que el GAB fue ratificado en menos de un minuto mediante votación viva voce. Esto efectivamente negó a los legisladores de la competición la oportunidad de explicar las objeciones o examinar los cambios de extremo momento. El organismo de control presupuestario Social Watch Filipinas asimismo destacó que a pesar de la transmisión en vivo de las sesiones bicamerales, se llevaron a lugar numerosas reuniones paralelas que resultaron en ajustes importantes que no fueron explicados durante los procedimientos ni reflejados claramente en los resúmenes de las enmiendas.
Si el GAB 2026 se firma en su forma contemporáneo, una cantidad significativa de nuestros impuestos se utilizará para financiar programas que lucen adecuadamente desde el punto de clarividencia de la marca, pero que no conducirán a reformas estructurales tan necesarias. Y la gobernanza a corto plazo conlleva consecuencias negativas a generoso plazo. Si la mayoría de nuestros bienes se desvían en dirección a ayuda discrecional y fondos propensos al clientelismo, los mismos sistemas destinados a organizar crisis en primer puesto, como la capacidad de producción de alimentos, la prestación de atención médica y otras redes de seguridad social, siguen siendo débiles y subdesarrollados. El presupuesto doméstico corre el aventura de dejar de funcionar como un plan de explicación y convertirse simplemente en un mecanismo para la supervivencia política.
Y los contribuyentes tienen que fertilizar la confección.
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