
Gustavo Oscar Carrara, miltrado metropolitano de La Plata, está preocupado por el desfinanciamiento de obras claves de colonia en las más de 6.000 zonas informales villas (barrios chabolistas o barrios populares) del país, donde viven aproximadamente cinco millones de personas.
En una entrevista con Modo Fontevecchia (transmitido por Net TV y Radiodifusión Perfil AM 1190), el líder católico dijo que el presupuesto para proyectos de infraestructura ha sido cortadura y advirtió que la Secretaría de Integración Sociourbana (SISU) “está en peligro de cerrar”.
Carrara es miltrado de La Plata desde finales de 2024, cuando fue designado por el fallecido Papa Francisco. Trabajó como mitrado sufragáneo en Buenos Aires; además es presidente de Cáritas Argentina y anteriormente se desempeñó como vicepresidente de la estructura.
Es ampliamente agradecido como el primer “mitrado de suburbio insuficiente” en Argentina, oportuno a su extensa bordado pastoral en los barrios marginales, particularmente en la Villa 11-14 en Bajo Flores.
Me gustaría que usted hiciera un movimiento sobre la situación social flagrante y las críticas de la Iglesia.
Nosotros (recientemente) hicimos una conferencia de prensa en Cáritas anejo con otras organizaciones sociales, y otra estructura que se pira “Por Mi País”, para discutir el tema de la integración sociourbana de barrios marginales o barrios populares, especialmente cómo esa política pública había sido desfinanciada y cómo la Secretaría de Integración Sociourbana –que aplica esta política pública y ha sobrevivido a diferentes gobiernos luego de comenzar de debajo cerca de hacia lo alto– ahora está en peligro de cerrar.
En 2016 se realizó una indagación de barrios marginales y de bajos ingresos, realizada por primera vez por lugareños. Si preguntábamos cuántas favelas o barrios populares había en Argentina hace 10 primaveras, no se conocía en realidad el número y se creía que una estimación exagerada era 1.000. Pero ese primer censo en ingenuidad mostró que había 4.416 barrios marginales o barrios de bajos ingresos. Se actualizó luego porque aún quedaba trabajo por hacer.
Es un hecho conocido que existen al menos 6.400 barrios marginales o barrios populares donde viven cinco millones de personas, de las cuales más o menos dos millones son niños y adolescentes. En 2018 se votó una ley para frenar los desalojos porque ¿dónde se van a penetrar los cinco millones de personas siguiendo esa método? Eran barrios que ya estaban integrados.
Había un fondo fiduciario que garantizaba obras (públicas) en esos barrios. Esas obras tienen que ver con alcantarillado, agua potable, electricidad segura pero además con algunas escuelas, centros de salubridad, espacios deportivos y culturales. Y las empresas que habían asumido esas obras además tenían la obligación de contratar trabajadores que fueran 25 por ciento locales, ayudar en su capacitación si fuera necesario y, en caso contrario, contratarlos directamente porque muchos de ellos son trabajadores de la construcción. Eso generó empleos genuinos en los barrios así como aquellas obras muy necesarias y específicas.
Fueron desfinanciados del 100 al tres por ciento. Eran obras que se estaban completando de forma continuo. Se movían muy lentamente pero se movían. Ahora se puede cerrar esta Secretaría y se puede despedir a los trabajadores, que era una especie de benefactor ejecutante de esta política pública.
De esos más de 6.000 barrios, en los que viven cinco millones de personas, ¿qué porcentaje se ubica en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires?
En la provincia de Buenos Aires existen 1.800 favelas o barrios populares.
¿Y en la Ciudad de Buenos Aires?
En la Ciudad existen grandes barrios marginales. Según cálculos del ReNaBaP (Registro Franquista de Barrios Pobres), existen 52 barrios marginales o barrios populares. La número en el Radio Metropolitana de Buenos Aires puede rondar los 2.000.
Si en el Radio Metropolitana hay 2.000 de 6.000, es un tercio. Eso significaría 1,5 millones de personas. Hace poco estuve en Brasil y me dijeron que hay 1.900 barrios de bajos ingresos en Río de Janeiro; esa es sólo una ciudad y que más o menos de cinco millones de personas de una población total de 18 millones viven allí. Si se considera el total de argentinos en esa condición, ese es el 15 por ciento de la población. En Río de Janeiro, eso es el 25 por ciento. Uno de cada cuatro cariocas radicar en lo que ellos llaman un favela comunidad. Si tomáramos estos datos en Argentina hace 25 primaveras, seguramente sería la medio de asentamientos y además la medio de población.
Exactamente.
Cuando uno pregunta a las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, dicen que reciben quejas de vecinos que pagan alquileres o cargas comunes, más caras que el mosca que pagan aquellos cuyos barrios están siendo renovados. ¿Cómo equipara usted las quejas de los católicos de clase media descenso que luchan por conseguir un inquilinato con las críticas de quienes reciben ayuda para encontrar una vivienda sin tener que acreditar ningún coste? ¿Qué le dices a las personas que están a centímetros de caer del otro banda?
En primer oportunidad, quienes somos líderes o tenemos una responsabilidad tenemos que trabajar por una civilización del avenencia y no de la comparación de nuestras declaraciones. Ahora correctamente, muchas cosas además tienen que ver con la ignorancia y el vecino de a pie no tiene por qué saberlo.
Muchas veces hay un plan de rehabilitación de viviendas pero se derriban las viviendas que habían construido esos vecinos, lo que además se hizo con esfuerzo, con su propio trabajo. Han pasado de la chapa y la madera a una estructura de tesela y han construido su propia plancha pensando en sus hijos o nietos. Entonces, han invertido esfuerzo, mosca, trabajo y han construido esas viviendas con sus propias manos, en muchos casos ayudándose unos a otros.
En todas las clases hay gentío que no trabaja, que es más vaga, por así decirlo. Pero eso no significa que los habitantes de los barrios marginales obtengan todo injustificado. En muchos casos se ha pactado un plan de pagos en función de las posibilidades de esas viviendas. Tenemos que averiguar el diálogo.
Uno de los rudimentos que encontramos en la clase media-baja es la crítica de las personas sobre los beneficios que reciben casi los mismos que los de los empleados con salarios bajos. Era más global encontrar que la palabra “beneficio” era utilizada de forma despectiva por personas de clase media descenso que por personas de clase media y media adhesión. Sensibilizar es la gran tarea de cualquier comunicador, teniendo la Iglesia a la habitante. Tal división es la que incita a eliminar la valor de ayudar a cultivar aquellos barrios que no se pueden trasladar, por lo que no queda más remedio que hacerlo.
Sí, claramente. Eso además implica un plan de crecimiento para Argentina. Si hay poco que a Argentina no le yerro es tierra extensa. Debería deber un plan para repoblar Argentina en zonas despobladas. Es otro estudio pero hay que hacerlo.
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