
La última vez que Martin O’Neill dirigió al Celtic el 3 de diciembre, debió pensar que su carrera como monitor había terminado… otra vez.
Sacado del desierto directivo para su primer puesto en seis primaveras a posteriori de la amarga partida de Brendan Rodgers, O’Neill ganó siete de sus ocho partidos a cargo y devolvió la confianza tanto a los fanáticos como a los seguidores del Celtic.
Si fue posible, mejoró su ya altísima reputación en Parkhead a posteriori de percibir siete premios importantes en su primera etapa entre 2000 y 2005.
Le entregó un equipo en forma al nuevo presidente Wilfried Nancy, pero regresa a un equipo despojado de esa confianza a posteriori de seis derrotas en ocho partidos, incluida una derrota en la final de la Copa de la Ajonje a la que O’Neill los llevó.
Nancy duró sólo 33 días en Glasgow y no pareció apreciar lo que había funcionado durante el reinado transitorio de su predecesor.
El francés abandonó el cómodo sistema 4-3-3 de O’Neill en honra de un defectuoso 3-4-3 y envió goles a un ritmo amenazador.
No sólo perdió en Hampden, sino que incluso perdió delante el Rangers en su postrer partido al mando, tras lo cual el medio Luke McCowan dijo: “¿Cuándo ha sido tan malo? Nunca lo ha sido”. No es un respaldo decisivo a un directivo que sería despedido un día a posteriori.
O’Neill ahora debe contratar al mismo especie de jugadores por segunda vez esta temporada si el Celtic quiere perseguir a Hearts y Rangers en su búsqueda de un botellín título consecutivo de la Premiership.
Esa encargo comienza contra el Dundee United el sábado.
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